lunes

Relato de año nuevo

Antes de que lean nada, quiero avisarles. Posiblemente este es uno de los relatos mas gore que he escrito en mi corta vida como escritor-de-mierdas. Pero me encanta inventarme cosas de estas, así que ahí va:

La gente normal come uvas. Doce uvas en los últimos doce segundos de la última hora del último día del año. Pero a Fran no le gustaban las uvas. No es que no le gustasen, es que las odiaba. Las odiaba casi tanto como a los niños. De hecho, una de sus pesadillas mas siniestras era aquella en la que le perseguía un niño-uva por toda la casa. Tras éste terrorífico sueño siempre se despertaba desorientado y rojo de furia.

Hasta entonces, Fran no había hecho nada en noche vieja. Al menos, nada especial. Cogía una lata de cerveza y veía la tele hasta quedarse dormido en el sillón. Al día siguiente, todo seguía igual. Pero ese año Fran quería hacer algo especial. Algo especial, que no fiesta ruidosa y etílica que dejara su casa hecha un asco, quería algo que le gustase de verdad. Y ese algo apareció en su mente con luces rojas de neón sobre fondo oscuro: Matar.

Nunca había matado a alguien, pero sabía que le gustaría. Era como cuando ves por primera el chocolate, que aunque nunca hayas probado nada parecido, sabes que te va a gustar. Pues esa era la sensación que Fran tenía en aquel momento, así que se puso manos a la obra.

Esperando a la salida del supermercado de la esquina, seleccionó a sus víctimas. Tenían que tener una edad comprendida entre los 25 y los 35 años y ser compradores de uvas. Le era indiferente la raza o el sexo, solo buscaba personas que entraran dentro de ese ámbito. Y como pueden comprender,la tarde del día 31 de diciembre y en los alrededores de un supermercado había muchísimo personal de esas características.Una a una, fue raptando y sedando a sus víctimas. Cuando las tuvo en su casa, las dispuso en linea recta, atadas a una silla. Estaba muy nervioso. Deseaba que llegaran las once menos doce segundos para dar comienzo a la noche vieja mas especial de su vida.

A las once y media, sus "uvas" se fueron despertando. El miedo se leía en sus caras y eso no hacía mas que intensificar el nerviosismo de Fran. A las doce menos cinco, Fran se ausentó dos minutos para ir por su pistola. Llevaba mucho tiempo practicando con armas de fuego y tenía buena puntería. Nunca pensó que aquel hobby podía serle útil alguna vez en su vida.

Y llegó la hora del festival de pólvora y sangre.Una, dos, tres. A cada campanada le iba acompañado un sonoro ¡Pum! y con cada sonoro ¡Pum! Fran disfrutaba más.Cuatro, cinco, seis, siete. La sangre saltaba por doquier, llenando la habitación de rojo. Ocho, Nueve, Diez , Once. Y cuando Fran fue a disparar al último de sus rehenes, entre lágrimas de felicidad y salpicones de sangre, se metió la pistola en la boca y apretó el gatillo dando por finalizado aquel año.

7 de los doces rehenes -incluido aquel que no fue disparado- sobrevivieron. Aquel suceso ocupó la primera página de los primeros periódicos del primer domingo del año X+1. El cuerpo de Fran fue incinerado, nadie se quiso encargar de él. Pero pese a todo, murió contento, sin ningún tipo de remordimiento. Seguro de haber finalizado el año- y su vida- tal y como quiso.

2 llamadas:

M. dijo...

Yo que cuando habias dicho que no le gustaban los niños ni las uvas lo primero que he pensado ha sido. YA VERAS, SE COME 12 CRIOS xDDDDDDDDDDDDDD

sigilosa dijo...

tienes un fail en el antepenúltimo parrafo
pones once y media
y luego once menos cinco xD'


has leído alguna vez a Christopher Moore?

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