domingo

Quasidepresión

Wayne Flashblack entra en la sala sin saludar, se sienta en el diván de cuero rojo furcia y comienza a hablar:

"Sabe, en realidad no me llamo Wayne Flashblack. Mi nombre "real" es King George, ya sabe, como la canción de Dover. Pero tuve que dejarlo de lado por cuestiones relacionadas con el espionaje que ahora no vienen a cuento. Bueno, en aquella época en la que blogeramente me hacía llamar así, tenía un grupo de amigos de recreo . Ése grupo llegó a ser mucho para mí, en él estaban las personas con las que mejor me he entendido hasta el momento. Pese a ser el mas pequeño, nunca me sentí desplazado y aunque éramos solo 4 -en realidad éramos mas, pero la relación con el resto no era tan cercana- jamás faltó tema de conversación ni risas.Pero el mundo estudiantil es volátil, cuando lo único que te mantiene cerca de una persona es el instituto, fácilmente puedes perderle. Y en septiembre de 2010, llegó ese final inminente.

Las dos integrantes femeninas de dicho grupo se fueron a cursar el bachillerato a otro lugar. Siendo solo dos personas, el grupo no se sustenta, así que el otro miembro se fue con sus amigos de toda la vida. Unos amigos con los cuales me llevo bastante bien pero que cursan bachillerato, por lo que salen fuera del centro mientras que yo, aún anclado en la ESO, me veo obligado a quedarme encarcelado anclado en el instituto. Eso me lleva a ir con mis amigas del pueblo, todas revolucionadas y atontadas por la adolescencia o por su forma de ser -aún no lo tengo claro-. Otra opción era ir con mis contactos en el grupo mixto de los chungos, pero fue descartada de inmediato por el bien de mi reputación de pelota y niño bueno y porque el nivel cultural e intelectual de esa gente deja bastante que desear.

En este ambiente , mi integridad mental aguantó de mala manera durante todo el primer trimestre, además, alguna que otra quedada con el antiguo grupo hacía que me animase un poco. Los días que sabía que no iba a ser capaz de reprimir mis comentarios cortantes hacía mis amigas, me fugaba al aula de música donde mi ex-profesora y yo compartíamos nuestro odio hacia la humanidad. Pero al comienzo del segundo trimestre, todo se desmoronó.

Por primera vez en mi existencia he estado, alrededor de una semana, triste. Me dolía el estómago, justo debajo del esternón. No tenía ganas de llorar -nunca he sido de esos que lloran por nada- pero si de quedarme sin hacer nada, compadeciéndome de mi mismo. Cualquier pequeña contrariedad me resultaba apocalíptica y todo el mundo me parecía gilipollas perdido o imbécil sin remedio, que al final, viene siendo lo mismo. 

Al principio, pude disimularlo. Cuando tienes una personalidad algo bipolar, sabes pasar estos baches mediante comentarios superficiales y sonrisas fingidas pero al final, se me acabó notando. Mi madre ha pensado en llevarme a un psicólogo si esto va a mas. Le resulta extraño que me cueste adaptarme al instituto estando al final de la ESO cuando siempre he ido muy a gusto. Yo no confío mucho en los psicólogos, salvo que sean capaces de cambiar mi entorno -estoy seguro de que cambiarme a mí es imposible sin el uso de drogas- dudo que puedan ayudarme.

Afortunadamente, la melancolía ha remitido y hoy me siento mejor. Espero no haberle aburrido con mi vida y gracias por haberme escuchado."

2 llamadas:

M. dijo...

Supongo que adaptarse a las cosas nuevas siempre cuesta un poco de trabajo, pero uno se acaba acostumbrando a todo porque es ley de supervivencia. Es triste simplemente saber que eres una persona que simplemente existe, pero si no siguieron en contacto con él, tampoco es que fuesen tan grandes amigos como decían.

sigilosa dijo...

Creo que todos (al menos yo) pasamos por épocas como estas, en la que no encajas y le buscas un sentido a tu vida.
En estas situaciones intenta contarle como te sientes a algún amigo de esos que si salen del colegio/están en otro colegio, que seguro te apoyan y te sientes mas comprendido...
de todas formas ya te queda menos de curso...

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