Ayer -o antes de ayer- dijimos adiós al verano. Adiós a la canícula, al sudor, a la arena, al ruido -del malo-, a la apatía, a las tardes eternas, a los atardeceres tardíos, a los cielos descubiertos, a las noches de insomnio, a mi ridícula cárcel sin paredes, a la juerga insustancial, a las camisetas de tirantes, al exceso de tiempo, a la visión de homo sapiens sapiens antinaturalmente bronceados, a los anuncios e informativos vacíos de originalidad y contenido, a cruzarme con adolescentes aneuronales gritando por ahí...A todo eso - y a lo que me he dejado- le digo,o mejor dicho, le ordeno adiós.
Si tuviera un tumor, lo llamaría Verano. Verano, sin más, sin apellidos. Y le odiaría, le odiaría lentamente, no por matarme, sino por hacerlo sin ninguna prisa. Desangrándome gota a gota, suspiro a suspiro. Como hace el jodido estío, torturándote sin hacerlo rápido, sin dejar de hacerlo.
Y lo peor, mis confidentes semianónimos, es la manera que tiene de largarse. Podría admitir que su momento ha llegado, que el 23 de septiembre es su puto, periódico y predecible final y que a partir de ahí ni pinta nada ni tiene nada que hacer. Pero no, el muy rastrero se queda ahí unos días más., compartiendo cama con el otoño.
Inevitable descobriment
Hace 3 semanas
2 llamadas:
costó que se fuera...eso es así. yo soy de entretiempo. ni frío ni calor.
....ahora viene la primavera, que deseando estamos que llegue.
Publicar un comentario